En 1904 se inició la construcción
de la acequia de Laguna, que recorre el término municipal de
Este a Oeste. Fue la Sociedad Industrial Castellana la promotora del
proyecto, inicialmente destinado a fomentar el cultivo de la remolacha.
La Acequia toma sus aguas del Canal del Duero, en las proximidades del
barrio de la Estación, y desde ahí inicia su recorrido
en dirección Oeste para desembocar en el río Duero, unos
5 kilómetros después, aunque uno de sus ramales continúa,
cruzando la línea férrea que une Valladolid con Madrid,
adentrándose en las tierras de Puente Duero, para desaguar en
el Duero en el término de Simancas.
Después de cruzar la carretera de
Madrid, en su tramo de autovía que rodea nuestra localidad, la
acequía se dirige hacia la antigua carretera de Madrid, a las
afueras de Laguna, en su salida hacia Boecillo. Ahí iniciamos
la ruta, junto a las instalaciones de Butano, tomando dirección
derecha. A partir de aquí, iremos recorriendo la acequia, sin
dejarla en ningún momento, por las sendas que la bodean, alternando
a tramos el lado izquierdo y el derecho, según la parte que esté
habilitada como senda.
Recorremos en todo momento un bosque de
galería típico de ribera con una anchura de unos 20 metros,
con las especies habituales en el Duero, mimbreras, sauces, espinos
albares, rosales silvestres y un predominio de chopos lombardos de gran
antigüedad y grosor, que van señalando toda la ruta, y que
son claramente distinguibles desde el exterior, apreciándose
toda la silueta externa de la acequia por la arquitectura verde marcada
por los enhiestos chopos a lo largo de todo el recorrido. En los tocones
y oquedades de los chopos se pueden distinguir en otoño pequeños
racimos de la característica seta de chopo. Y en los troncos
más viejos, veremos los agujeros perforados por los pájaros
carpinteros, el picapinos y el pito real. Aparecen también a
lo largo del recorrido, salteados, pinos piñoneros, carrascas
y algunas especies procedentes de las tierras agrícolas: almendros,
cerezos, parras, mirabeles, ciruelos y nogales. Incluso aparecen algunas
especies menos propias de la zona, como las acacias, que se hacen más
abundantes en el tramo donde se inicia el descenso a la terraza inferior,
camino ya de la desembocadura en el río. En cuanto a matorrales,
a lo largo del sendero aparecerán en todo momento retamas negras,
torvisco, madreselva y las mencionadas del rosla silvestre y el majuelo,
pero sobre todas ellas, predomina la zarzamora que crea notables marañas
de maleza en buena parte del recorrido. Es llamativa la profusión
de violetas a finales del invierno, que pueblan el suelo de la típica
florecilla de esta especie. aparece también la nueza, con sus
zarcillos y cartacterísticas bayas rojas en otoño. A lo
largo del recorrido irán apareciendo diferentes sifones por los
cuales va la acequia salvando los caminos agrícolas que la atraviesan
transversalmente. A unos 500 metros de iniciar el recorrido, nos encontramos
con las casa del guarda de la acequia, construída en 1907, al
pie de uno de los sifones. Irán apareciendo también sucesivas
compuertas que van regulando el caudal de agua para ir distribuyéndolo
por los numerosos almorrones que se abren a izquierda y derecha de la
acequia para fertilizar las tierras de cultivo de huerta que se extiende
a ambos lados. A unos tres kilómetros del recorrido, las tierras
de regadío dejan paso a plantaciones de chopos sobre antiguas
graveras. Nos encontramos en las proximidades de una planta de explotación
de gravas, ubicada en la parte izquierda. Al final de esas choperas
de plantación aparece una bifurcación, continuando la
acequia a la derecha hacia tierras de Puente Duero, a la altura de la
finca de los Ingleses. La ruta, sin embargo, no coge en esta ocasión
el desvío derecho, sino que sigue de frente, iniciando un pronunciado
descenso hacia la terreza inferior que nos dejará, un kilómetro
más abajo, en el cauce del Duero. En el inicio del descenso,
con la acequia reducida a un simple regato, podemos comprobar la proliferación
de acacias y, 100 metros más abajo, se adentra la acequia en
un pinar de piñoneros bastastante tupido en algunas zonas por
el abandono y la falta de olivado. Podemos ver en esta zona final algunas
encinas de regular porte; y en el lado izquierdo una charca de importantes
dimensiones, utilizada como balsa para riego, donde podemos ver algunas
pollas de agua y fochas. Finalmente, tras atravesar el camino asfaltado
que se dirige hacia Puente Duero, desemboca este pequeño canal
de la acequia en el río, en un pequeño salto que vierte
al Duero las aguas no aprovechadas para el riego.
Longitud de la
ruta: unos 5 kilómetros.