Comenzamos la ruta
de Castillejo a la altura del cementerio, pasando bajo la autovía,
de donde sale el camino de los Nogales. Entramos
en un amplio camino que se introduce en un extenso pinar público
de pino piñonero salteado con algunos pinos resineros conocido
como Pinar de Solafuente y los Valles. A
300 metros cogemos un camino que sale a la derecha que bordea tierras
de cultivo hasta llegar a una bifurcación, justo en un muladar
con escombros y residuos de diverso tipo. Cogemos la desviación
a la derecha. Pronto nos encontramos cruzando un camino de firme bien
asentado, se trata del camino de Boecillo a la Cistérniga,
que en su dirección derecha lleva hasta el paraje de la Fuente
Juana. Cruzamos este camino, sin tomarlo; seguimos recto hasta llegar
a una pequeña pradera descampada donde crece los cardos corredores
y las junqueras. Comenzamos a ver los matorrales de carrasca que se
intercalan entre los pinos piñoneros, señal del antiguo
encinar que en otro tiempo pobló estos parajes. Los pimpollos
brotan con profusión por todo el pinar, asegurando la repoblación
espontánea del mismo.En el invierno se puede apreciar en muchas
zonas el pinar alfombrado de musgo. A medida que nos adentramos en el
pinar, apreciamos carrascas de mayor porte. Los matorrales de retama,
jaguarzo, tomillo y cantueso aparecen esparcidos entre las carrascas
y los pinos, surgiendo incluso con más fuerza con el clareo que
se ha ido dando en la zona y el intenso olivado, que permiten un mayor
vigor al sotobosque bajo las copas de los pinos, por el aumento de la
iluminación. Llegamos a un almorrón que cruza el camino,
procedente del canal del Duero, y que en otro tiempo llevó el
agua de riego a las tierras de Castillejo. Vemos en esta zona
la profusión de gramíneas que pueblan el suelo. Tenemos
a la derecha ya la tierras de cultivo de Castillejo, amplios campos
que rompen el paisaje arbolado del pinar de Solafuente que venimos recorriendo.
Sin abandonar el camino, llegamos al vértice de las tierras de
cultivo y cogemos el borde del pinar de Castillejo.El pago de Castillejo
fue en otro tiempo un coto redondo, propiedad de Álvaro de Herrera
y sus descendientes, constituyéndose después en mayorazgo,
cuando pasó a propiedad de los Castilla, para pasar después
a formar parte del patrimonio del marqués de Lozoya. Juan II
aprovechó este pago, próximo al Abrojo, para su descanso
y, a buen seguro, para cazar en un monte abundante en especies cinegéticas.
Una alambrada nos indica que a nuestra derecha se encuentra un monte
privado; el lado izquierdo del camino sigue siendo monte público.
La zona contiene el espacio de mayor variedad vegetal de toda la ruta.
Nos encontramos con un bosque mixto de pino y encina de buen porte,
con roble quejigo salpicado por todo el monte. El camino, que retiene
una notable humedad, permite florecer las margaritas al final del invierno;
aparecen dispersos los juncos, los torviscos, las genistas, escaramujos,
zarzamoras y ,excepcionalmente, jaras. Finaliza este camino en el río
Duero, en el cruce con el camino de Puente Duero a Tudela
que a la derecha recorre las tierras de Castillejo, muy próximo
al río.Este vértice de Castillejo se denomina el Piélago.
Tomamos el camino del Piélago a la izquierda, y nuevamente a
la izquierda en el siguiente camino que se cruza a nuestro paso. Vamos
bordeando ahora el término de Laguna, que a la derecha del camino
limita con amplias tierras de cultivo del término de Herrera.
Nos encontramos con encinas de muy buen porte, álamos blancos,
junqueras y madreselvas. Al fondo nos encontramos con las granjas avícolas
de lo que fue Híbridos Americanos; pero antes de llegar, nos
desviamos por el camino hacia la izquierda y recorremos, de regreso,un
recto y amplio camino, el camino de la Arboleda, que, en prolongación,
se continúa en el Camino de los Nogales, donde habíamos
iniciado la ruta.
Longitud de la
ruta: unos 7 kilómetros.