El relojero

Andrés Llanos ha regido
el reloj municipal en los últimos tiempos con entrega intachable,
percibiendo por sus servicios 40 reales cada año, cuando anteriormente
se acostumbraba a pagarle 80. Este injustificado recorte que ha sufrido
Don Andrés en los últimos años es aún más
lacerante cuando, según reconoce el relojero, ni aún con
80 reales se satisface el trabajo que tiene a diario subiendo y bajando
a la torre de la iglesia indispensablemente dos veces al día
para darle cuerda, y hay días que "...tres o cuatro veces,
ya sea por que se para, ya porque se adelanta o se atrasa". Año
1780
El reloj de esta villa, ubicado
en la torre de la iglesia, viene marcando los tiempos de los laguneros
desde el siglo XVI. Las partidas dedicadas a reparaciones no han faltado
en las cuentas del concejo desde el citado siglo, constando en los documentos
desde 1574. En ese año, el libro del mayordomo del Concejo refleja
un gasto de tres reales pagados a "...dos relojeros para ver el
reloj y le aderezar". Dos años después, el cinco
de junio de 1576, se le dio a Julio Ramos, relojero de Valladolid, encargo
"...para aderezar el reloj que este lugar tiene", y el concierto
fue por ocho ducados, llevándoselo a Valladolid para arreglarlo,
dando un año de garantía por si hubiera "mal aderezo".
En fechas más recientes, se han seguido produciendo reparaciones
del reloj municipal, como la encargada a Ramón Martínez,
quien da el siguiente presupuesto:
"La compostura del reloj de la torre les costará a Vds.
lo siguiente:
Catorce duros por el trabajo del relojero y además han de traer
12 libras de hierro y dos de chapa del grueso del canto de un duro,
el carbón necesario y que me ayude el herrero cuando necesite
dar algunas caldas que necesita el reloj y si se emplea un día
dos o tres que podrá ser todo lo más, queda por cuenta
de los vecinos el pagarle y las limas quedan por mi cuenta y el reloj
quedará seguro y como nuevo.
En Laguna a veinte de enero de 1841".
Texto: El Cronicón de Laguna,
J. Palomar.
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